Con las manos llenas de colores

Bienvenidos al origen del mundo
Antonio Arco
El altar que es cada obra de Emilio Pascual es una posibilidad de regreso al origen de un mundo del que apenas conocemos nada. Hay obras suyas que parecen creadas para que podamos escondernos en ellas y dejar ahí depositados nuestros más profundos secretos; obras que alivian de tanta decepción en este tiempo sórdido, helado y confuso por el que vagamos. Nunca hay en ellas una luz que nos ciegue; y, desde luego, por debajo de la aparente sencillez de las bellísimas composiciones que construye hay preguntas sin resolver, retos superados, inteligencia, pasión, razón, delicadeza, don, entrega, sorpresa, extrañeza, insomnio, felicidad, ternura, invierno en nuestro ánimo, misterio, pequeños milagros, hallazgos, eternidad.
Como para cualquier exposición importante, alejada de lo anodino y de la mediocridad insultante, dos cosas son necesarias para disfrutar recorriendo ésta de Emilio Pascual: pese a todo no haber perdido al menos algo de la curiosidad y del asombro del niño que fuimos, y tener cierta capacidad de presentir posibilidades extraordinarias y mágicas de comunicación en el arte pictórico. Aproveche el privilegio de poder disfrutar de estas obras para alejarse, aunque solo sea por un tiempo reducido, de lo inútil, lo repetitivo, los actos banales, las mismas muecas de siempre, la muerte, el aburrimiento, los recuerdos del vacío, el propio vacío, la amenaza del vacío, la sensación de inutilidad, la suma de tanta cosa inútil, e incluso de nuestra propia inutilidad. Y estemos alertas a los latidos, al milagro del arte que nos hace posible poseer el mundo por un instante, y con él a los seres queridos, a Adán, Eva y la Serpiente, a Noé y el Arca, a todos los dioses y a todos los héroes de la Historia, al viento que mece la cebada, al olor a manzanas y al latido del mundo.
Siempre me han gustado las obras que te impulsan a conocer, a tratar de comprender, y por eso me gustan las obras de Emilio Pascual. En momentos duros, de sufrimiento, me acuerdo de una frase terrible y gloriosa que escribió la pintora Frida Kahlo en uno de sus momentos de agonía, fruto de su cuerpo hecho un campo de batalla cosido a heridas: “Yo soy la desintegración”. Su pintura es un latigazo, te deja herido. Es una pintura incómoda, pero muy valiosa. Surge con furia de la angustia de la artista. Nada que ver con la de Emilio Pascual, que jamás se recibe como una tortura para los sentidos. Al contrario, incluso en las que menos radiantes resultan, en las que parece haberse instalado a vivir el otoño, encontramos motivos para la alegría, porque de ellas se desprende un efecto inquietante parecido al que provoca el sonido de unas campanas en mitad de la noche oscura que se bebió de un trago amargo Juan de la Cruz.
Miro una y otra vez estas nuevas obras de Emilio Pascual -pintor, escultor, fotógrafo y videoartista-, y me provocan tanta admiración como placer; imaginación, sentidos, corazón y memoria se reactivan y emprenden, como ligeras cometas deseosas de libertad, conocimiento y juego, el vuelo. Emilio Pascual domina todas las técnicas, todas las materias, todos los matices de los colores. Es un maestro, y lo es haciendo obras de gran formato o piezas más pequeñas, a veces de una sobriedad de raíz empapada por la lluvia. Además, qué elegante es: como artista, como persona. Siempre sorprende: todavía recuerdo la copa que creó en homenaje a Ramón Gaya, y que expuso en su Museo de Murcia. Era una copa, depurada hasta casi la extinción y rodeada de soledad, a la espera del alba o de la resurrección y, según se mirase, bañada por la luz o por la oscuridad de las almas en vilo; sin más: modestamente, sencillamente, una copa en homenaje discreto y verdadero a Ramón Gaya. No estaba pintada, sino que la realizó utilizando la técnica de la fotografía digital en blanco y negro; una pieza, de 200 x 100 centímetros, sutil hasta casi dejar de existir. ? Emilio Pascual cultiva habitualmente una pintura anónima y esperanzadora, lejana y batalladora, que se resiste a la desesperanza y al peligroso acercamiento al personaje de 'El extranjero', de Camus, tan ajeno a toda ley y a toda moral, tan perdido en la frialdad. El artista defiende, desde su buscada lejanía afincada en Yecla, que la pintura es un lugar adecuado para admirar la vida, un altar, una posibilidad de regreso al lugar donde todavía existe el futuro. Siempre desbordado por su capacidad de trabajo, las obras de Emilio Pascual hablan sutilmente de viajes y regresos, de huidas y cenizas, de soledades e impulsos vitales. ?«A mí me interesa aprender más que ser, arriesgarme más que recrearme en lo ya conseguido, me interesa el reto, no saber qué va a pasar con la obra que estás haciendo», dice Pascual, quien afirma: «Yo siempre quise ser arquitecto, jugar con los espacios, experimentar con el vacío». No es arquitecto, pero sí, también, ¡músico! y un profesor adorado por sus alumnos. Conviene estar atentos a los latidos que encierran sus creaciones. ? Para Emilo Pascual, «el arte es algo que debe afectarnos emotivamente. El arte no posee sentido por sí mismo, sino como una necesidad personal, y para que fluya, para que surja la obra, debe estar muy asimilada, muy sentida, muy definida. El arte debe ser algo tan natural como respirar». El creador, cuya obra disfruta de entusiastas admiradores entre los que se incluía el también pintor Joan Hernández Pijuan, explica que suele pretender «exigir al espectador una sensibilidad muy pura, exigir la detención de la mirada en la pintura, y como en una obra con-templativa, crear un encuentro directo con ella. Estar a la orilla supone dejar fluir, contemplar, sentir. El aire es todo».? «Mi concepto del Arte no es conceptual, no es intelectual, está basado en lo vivido, en lo natural, en la sensibilidad de la mirada», sostiene. «Mirar hacia fuera y ver para poder mirar hacia dentro», añade, «para conocernos íntimamente. Nuestra obra debe ser un apunte de nuestra vida, un producto de la emoción que sea capaz de emocionar». En su opinión, «debemos aprender a ser reflejo de nosotros mismos, sin caer en intelectualismos innecesarios ni trampas dialécticas. No estoy de acuerdo con esos artistas que saben demasiado bien qué quieren hacer». «Creo en la práctica de la pintura como generadora de pensamiento, como generadora de conocimiento, donde la reflexión es la misma práctica; no es lo que quiero decir, sino cómo lo digo», precisa.
Eso sí, que nadie se enfrente a estas obras de Emilio Pascual esperando que en ellas habiten esos ángeles siempre terribles a los que cantaba Rilke, esos pájaros casi letales del alma a los que, sin embargo, invocamos apasionada y esperanzadoramente. Mejor no esperen nada, mejor déjensen envolver por esta extraña y cautivadora belleza sin rostro, por este caudal de pintura en estado puro, tan viva que se adhiere no solo a tu cuerpo, sino también a tu alma.
Crítica de arte. Mara Mira.
La Verdad 11.12.14
En su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, el gran artista Joan Hernández Pijoan reflexionaba sobre la frase de la pintora canadiense Agnes Martin: “Todo aquel que sea capaz de estar un rato en el campo, sentado sobre una piedra, es capaz de ver mi pintura”. Con la cita explicaba de un plumazo cómo debía contemplarse su pintura. La mirada pausada nada más –y nada menos- sobre el paisaje: la naturaleza amansada por el hombre. La argumentación sobre el tiempo/ pensamiento/ mirada rige la praxis artística de Emilio Pascual (Yecla, 1961). No es baladí la referencia a Pijoan, como tampoco empezar con este trocito del hermoso discurso: ambos creadores, Pijoan y Martin, son citados por Emilio Pascual en los muros de su exposición en la Fundación Pedro Cano. Con tan definitiva carta de presentación, el espectador deberá recorrer la muestra atento a las variaciones sobre el tema que Emilio desarrolla casi compulsivamente. No se esconde bajo ningún paraguas argumental. Así, afirma: “Mi visión del arte no es conceptual, no es intelectual, está basado en lo vivido, en lo natural, en la sensibilidad de la mirada”.
Siempre es grato tener la experiencia de recorrer una muestra del artista yeclano porque defiende su obra con la misma pericia con la que un músico interpreta una y otra vez una composición hasta que la cree perfecta. No en vano, él mismo es un excelente violinista. Como ejemplo de su quehacer también recuerdo su bellísimo y laborioso trabajo fotográfico sobre “la copa de Ramón Gaya” que gestó para su homónimo museo. Allí y aquí, Pascual afronta con intensidad y sutileza las mil variaciones sobre el tema, de ahí su entrega a las series inabarcables de cuadros y papel. Atentos al título de la muestra, “Con las manos llenas de colores”. Como subtítulo podría añadir: y las paredes llenas de cuadros.
Para admirarlos debemos dejar que fluya el tiempo, el sentir cercano al infinito, la decisión del gesto, la emoción de la mirada. Ese bucle que es la creación sincera que tan bien expresa Antonio Arco en el texto del catálogo cuando arguye: “En la aparente sencillez de las composiciones hay preguntas sin resolver, retos superados, inteligencia, pasión, razón, don, entrega…hallazgos, eternidad”.
Concluyendo. Resulta iluso buscar recovecos más allá de la pintura del músico/ interprete perfeccionista. Esta muestra es la traducción de una vivencia emotiva. La gracilidad del gesto infinito está servida. Personalmente admiro su labor de inquieto docente y su saber estar elegante en este complicado cosmos de estrellas y cometas que es el arte contemporáneo.
Apuntes de mi libreta azul.
Pensamientos y lecturas mientras preparo la exposición:
"Con las manos llenas de colores"
Umbría peñas blancas. Verano 2014.

"Todo aquél que sea capaz de estar un rato en el campo, sentado sobre una piedra, es capaz de ver mi pintura"
Agnes Martín

Fue Cassette 29, París VI
21. De octubre de 1907

...Pero de Cézanne aún quería decir que nunca se había visto antes hasta qué punto la pintura acontece en los colores, cómo hay que dejarlos solos para que se expliquen recíprocamente. Su trato mutuo: esto es toda la pintura. Quien se entromete, quien ordena, o hace intervenir de una u otra manera su superioridad humana, su ingenio, su destreza abogacil, su agilidad mental, perturba y confunde su acción. El pintor no debería llegar a percatarse de sus intuiciones (como el artista en general); es preciso que sus progresos, para él mismo enigmáticos, se trasieguen, sin el rodeo de la reflexión, tan rápidamente a su obra que en el momento en que aparezcan no pueda reconocerlos. Quien en aquel instante los espíe, los observe, los detenga, los verá metamorfosearse como el oro de los cuentos de hadas, que por culpa de un mínimo detalle no puede seguir siendo oro. Que las cartas de Van Gogh pueda leerse tan bien, que haya tanto en ellas, es cosa que en el fondo habla en contra de él, como también habla contra el pintor (comparado con Cézanne) el que quisiera esto y aquello, el que supiera, el que llegará a saber; que el azul reclamaba el naranja, y el verde el rojo: que, curioso, hubiera escuchado clandestinamente el interior de su ojo y lo hubiera oído. Así pintaba cuadros basados en un solo contraste a la vez que pensaba en la simplificación japonesa del color, que extiende una capa sobre el tono más próximo, más alto o más bajó, y las suma para obtener un valor total; lo que a su vez le lleva al contorno repasado y explícito (esto es, inventado) de los japoneses como reborde de superficies equivalentes, y por consiguiente, a lo intencional, a lo arbitrario, en una palabra: a lo decorativo. Un pintor que escribía, un pintor por tanto que no era tal, trató también con sus cartas de inducir a Cézanne a explicarse, planteándole cuestiones de pintura; pero si se leen las pocas cartas del anciano, se comprueba que quedó en un torpe intento de explicación que le repugnaba infinitamente a él mismo. No podía decir casi nada. Las frases con que lo intenta se estiran, se embrollan, se erizan, se anudan, y al final lo deja estar, furioso, fuera de sí. En cambio, logra escribir con una gran claridad: "Creo que lo mejor es el trabajo". O bien: "Todos los días hago progresos, aunque lentamente". O bien: "Tengo casi setenta años". O bien: "Le contestaré con cuadros". O: "L'humble et colossal Pisarro" ( el que le enseñó a trabajar). O por último, tras haber batallado un poco (se adivina cómo la ha escrito libremente, como aliviado), la firma completa: Pictor Paul Cézanne. Y en la última carta (del 21 de septiembre de 1905), después de lamentarse de su mala salud, dice sencillamente: "Je continue don mes études". Y el deseo que se cumplió literalmente: "Je me suis juré de mourir en peignant". Como en una antigua representación de la danza de la muerte, la Muerte le ha cogido por detrás la mano, dando ella misma el último toque, estremecida de placer; su sombra se proyectaba ya desde hacía algún tiempo sobre la paleta, y había tenido tiempo de escoger en la ronda abierta de colores el que más le gustaba; cuando a aquél lo tocara el pincel, intervendría ella y pintaría...Helo ya aquí; alargó la mano y dio su toque, el único que ella podía dar.

Cartas sobre Cézanne
R. M. Rilke
Paidos estética

Si, la obra artística siempre es el resultado de un haber estado en peligro, de haber llegado hasta el final en una experiencia hasta donde ya nadie puede ir más lejos. Cuanto más se avanza en ella, la vivencia se hace más propia, más personal, más única, y al fin, la obra artística resulta la manifestación necesaria, irreprimible, lo más definitiva posible, de tal singularidad...Ahí radica, justamente, la ayuda enorme que constituye la pieza artística para la vida de quien tiene que hacerla...

Cartas sobre Cézanne
R. M. Rilke
Paidos estética

Las "intuiciones y revelaciones últimas sólo le vienen a quién está metido en el trabajo y no sale de el".
Rilke

"El trabajo en arte no se puede reducir a un pensamiento dirigido. La materia, los medios, el momento y una multitud de accidentes -lo imprevisto, lo indeterminado, el azar- aportan a la obra tal cantidad de condicionamientos que la llevan a ser racionalmente inconcebible"
Joan Hernández Pijuan

El arte no es necesario ni innecesario, es inevitable.
Alfonso Albacete

"El color es todo bueno. Es como el piano, que su teclado es el mismo para el que no sabe, para el que sabe y para el genio. El color es música y aire, es la luz que baña y vibra según se pulsé y como se ponga"
Ignacio Pinazo

Las emociones estéticas dignas de ser comunicadas en una obra pictórica tienen que ver con una sensibilidad predominántemente cromática.

El poeta Hugo van Holmannsthal tuvo la siguiente vivencia al contemplar unas pinturas de Van Gogh que había descubierto accidentalmente:
"Y entonces, cuadro a cuadro pude sentir algo, sentir el vínculo y la cohesión de aquellas creaciones, cómo surgía su vida interior a través de los colores y cómo los colores vivían el uno para el otro y cómo uno, misteriosamente poderoso, sostenía a todos los demás y pude rastrear en todo aquello un corazón, el alma del que lo había hecho, el cual se respondía a sí mismo con aquella visión, entre los espasmos de la más terrible duda, pude sentir, pude saber, pude penetrar con la mirada, pude gozar de abismos y de cumbres, de lo externo y de lo interno, una y otra cosa en la diezmilésima parte del tiempo que tardo en escribir esta frase"

" los colores son un lenguaje en el que se ofrecen lo mudo, lo eterno, lo inconmensurable, un lenguaje más sublime que los sonidos, puesto que se destacan directamente de la existencia muda, como una llama de eternidad, y nos renuevan el alma"

Debemos ser pacientes, degustadores lentos, contemplativos pacíficos.

"Un cuadro es un espacio finito cercado por un marco; es preciso que lo infinito se dé en él"
Simone Weil

Sentimiento de que -color y superficie, profundidad y altura- algo puede prolongarse infinitamente.

Combinación de firmeza y extrema fragilidad, de permanencia y fugacidad.

"La música es una manera de silencio"
Vladimir Jankélèvictch

El vacío es un elemento válido en la composición.

Mi pintura sale del vacío y vuelve al vacío.

"El color es la pintura, el espacio es el color, el espacio que dibuja el color".
Pijuan

"Jugad con el color", animaba Juan Ramón Jiménez, que había sido aprendiz de pintor en su juventud.
"Jugad con el color y tendréis la clave de la felicidad! o de la felicidad como las otras cuatro; olor, sabor, oído...sólo el escribir los colores ¡es tan hermoso!"

"Pintar la naturaleza no es copiar el objeto, es darnos cuenta de nuestras sensaciones"
Cézanne

El arte no reproduce lo visible, hace visible.
Paul Klee

Dar a la mirada valor de pensamiento, pensar con la mirada.

Meditar sobre lo que sucede mientras sucede. Los garabatos, las huellas repetidas, las imágenes características con claras insinuaciones figurativas son como la música del pensamiento, donde el proceso de pensar se convierte en el material en el que la medida musical se encuentra y se define a sí misma.

Confianza en el poder de la pintura, en sus capacidades, en sus poderes, en su autonomía para explorar los límites de nuestra comprensión.

Crear una sintaxis que brote de la sabiduría (el saber) y de las sensaciones.

Me interesa más "cómo dice" la pintura, que " qué quiere decir".

Confrontar la práctica espontánea de la pintura con la reflexión y la consciencia. Dialéctica entre la pulsión y la interpretación, el gesto y la idea, la mano y la mente.

"Pinto cada cuadro en una sola sesión. Trabajo sobre la pintura sin secar, lo que produce, además, esos colores blancos como más "sucios", más ricos en accidentes.

Borrar es una parte integral del proceso.
Colores superpuestos que arrancan el color todavía el color fresco, se mezclan y transforman. Capas húmedas que hacen surgir colores neutros. Borrar y quitar es tan importante como poner color.
Una exposición quizás sea una sola imagen, idea obsesiva que se repite y transforma, que se dibuja y pinta, que se construye y destruye hasta el día que sale del estudio...
Gerardo Delgado

Me interesa la acción y la meditación, volcarme en el lienzo y mirar el lienzo, moverme y quedarme quieto.

Mi pintura, es como cuando la orquesta afina los instrumentos, esta música me interesa muchísimo, el ruido necesario para lograr una armonía de las partes.

"Entiendo el arte como una especie de filosofía sin palabra, como un sistema de infinitas notas y tonos, como una respuesta oscura, parcial, subjetiva y siempre sumamente discutible a todo un conjunto de viejos conocimientos acumulados y nuevas emociones que conducen, señalan y anuncian otra realidad diferente"
Ferrán García Sevilla

Pintando nunca se como voy a acabar. Dejo que la pintura siga su curso. A veces me adapto a ella, y otras la llevo donde yo quiero.
Este vaivén de adaptaciones y rechazos es estimulante y te produce un estado ansioso al mismo tiempo que una peculiar sensación de felicidad.

Cuando doy por concluida una pintura, lo único que le pido es que me aguanté la emoción, y por lo tanto, la mirada...cuando soy capaz de iniciar ese viaje peculiar, es cuando siento que una pintura está bien.
Ferrán García Sevilla

Quiero encontrar un espacio como protagonista total del cuadro. La validez del vacío como elemento de composición.

"Ya no se trata más de hablar de la forma y el color, sino dejar que la forma y el color nos hablen"
Marleau Ponty

"Cada línea es el conocimiento actual de sí misma, de su historia implícita, no explicando nada, sino siendo fruto de una encarnación individual"
Cy Twombly

"... En el momento de empezar a pintar quiero no saber lo que estoy haciendo, un cuadro se hace con sentimientos y no con conocimiento"
Hans Hoffman

"Pintar es un acontecimiento. El pintor no se acerca al lienzo con una imagen en la mente sino con una materia en la mano"
Rosemberg

"Pinto con la misma libertad que puede hacerlo un niño, pero mi pensamiento es complejo, maduro, e incluso clásico"
Motherwell

"La cuestión de lo que va a suceder se queda abierta, cuando nos dice que: estás perdido desde el momento en que sabes lo que va a ser el resultado"
Juan Gris

"La abstracción es un proceso de énfasis, y el énfasis vivifica la vida"
Whitehead

"Es en una mancha donde hallamos la verdad del color rojo; es en una línea temblorosa donde hallamos la verdad de un lápiz"
Roland Barthes

Pintura gestual marcada por la evocación de formas naturales, flashes de color, una pincelada estructurada y un espíritu sereno y meditativo.

Ninguna serie de notas puede explicar un cuadro. Su explicación debe de venir de una experiencia entre el cuadro y el observador.

"Me fío más de lo que sale del interior. Como siempre, confío más en mi ser interior y en el proceso de pintar. Creo que todo lo que uno experimenta, los sentimientos, los sueños, lo que oye ve en un momento aparece de alguna forma en tu arte"
Helen Frankenthaler

"La superficie del cuadro ha de respirar, pero esa respiración tiene que venir de la textura y corporeidad del lienzo y la pintura"
Clement Greenberg

"Pinto luego existo"
Alfredo H. Barr

"El pintor posee una sensibilidad poética, una capacidad intuitiva de captar el instante. Momentos de la memoria. La memoria funciona como el anexo poético de la imagen. La memoria provoca la imagen"
Octavio Paz

"La pintura necesita hombres que se ahoguen. Que el pintor olvide a veces estos ojos demasiado lúcidos, demasiado intelectualizados, trampa para árboles y para rostros, y recuerde que también ve y a más distancia, con todo su cuerpo. Que encuentre en lo formulado el misterio y la potencia de hechizo de lo informulado"
Jean-René Bazaine

"Supe muy pronto, con veinte años, qué buscaba en un cuadro...era algo que tenía que ver con la luz, con la profundidad, con entender su dinámica interna"
Helen Frankenthaler

"Las pinturas abstractas nos muestran otra realidad invisible y, al no tener un referente en el mundo real, puede elevarnos a otra realidad inmaterial"
Gerard Richter

"Trabajo de la manera más directa posible, es decir, que lo que tienes que decir salga de tu interior más profundo directamente, sin intervención intelectual. Cada día hay que sorprenderse con algo nuevo, hay que avanzar en ese camino que desconoces, eso es lo más difícil de la profesión pero, al mismo tiempo, lo más apasionante.
Es la excitación de lo desconocido".
Luis Feito

Por otra estética...(Gao Xingjian)
La razón desempeña un papel indiscutible en la creación artística, pero establecer un nexo directo entre el arte y los conceptos sólo conducirá a la muerte del arte.
La razón a la que recurre el arte e e ir más allá del lenguaje y la lógica para convertirse en una conciencia interior del artista y participar en la creación bajo la regulación directa de la sublimación de las sensaciones, y no en la expresión directa de una idea.
La idea constituye a lo sumo la motivación de partida de la creación; aún se deben satisfacer muchos requisitos para que se convierta en una obra de arte.
La idea puede inspirar al artista pero también puede asfixiarle.
La razón en el arte deba madurar hasta convertirse en una mirada calmada, capaz de alumbrar las sensaciones que germinan en la oscuridad, de ordenar los sentimientos que la creación ha hecho surgir impetuosamente; entonces la razón comienza a tomar forma y hace su aparición la belleza.
Es un proceso complejo.
El artista vuelve una y otra vez hasta que la razón se funde en la obra, sin dejar huellas visibles, para transformarse en el espíritu que se visualizará en una imagen visible.
El artista busca en la creación una especie de satisfacción espiritual.
...lo esencial en el arte reside en el original de la mirada y en el talento del artista incluida su habilidad para mostrar sus visiones.
La pureza en el arte no está en la cabeza del artista, sino en la obra acabada.
Lo mejor es volver a la pintura, a la creación de formas, a la imagen, sin tratar de saber si esa iniciativa es progresista o retrógrada.
Las visiones interiores, fuera del espacio físico, al menos permanecen en el tiempo; concentrarte en cómo divagar tu pensamiento te procura siempre un placer ilimitado.
Conferir las reglas al azar y dar una orientación a la evolución.
Proporcionar sustancia y sensación a la forma más simple -una mancha de tinta- y conferirle un estado natural, darle la vida.
Hacer entrar la música en la pintura, pintar los motivos musicales y no las frases; pintarle placer de los sonidos y no la melodía y el ritmo.
Pintar lo informal, pintar las sensaciones, pintar los sentimientos.
Pintar lo que tiene forma, pero sin describirla, más bien conferirle sensaciones.
Pintar el silencio, pintar las profundidades oscuras interiores, pintar las visiones...
En cuanto te hayas despojado de todos los conceptos, podrás volver al espíritu, el zen inexpresable y todo lo demás.
El sentimiento que experimentas en el instante de pintar es muy verdadero, muy real; captas este tipo de sensación y rechazas las ideas y la historia.
El pintor sólo encuentra una satisfacción total en la pintura. Puedes contemplar detenidamente los cuadros, y te cuesta mucho trabajo terminarlos porque una pintura no se acaba nunca.
Cuando pintas, realizas muchos descubrimientos y no describes jamás, es la pintura la que no cesa de sugerirte nuevas posibilidades, que te resultan imposibles de agotar.

El sentido aparece poco a poco, y luego deriva hacia otro, pero hace falta que todos esos sentidos encuentren su unidad en la pintura, y es la intuición la que te sugiere que así no funciona, o lo contrario.
...miras detenidamente hasta que el cuadro acaba por estabilizarse.

Campo de octubre. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Un río. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm

Orilla de luz. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Sol difícil. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Sinfonía sobre azul I. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Sinfonía sobre azul II Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Sombra y luz II. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Sombra y luz I. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Ausencia. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm

Ida de otoño. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Luz de agosto. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm

En la otra orilla. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm

Como la sombra. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Profundo azul II. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm

Profundo azul I. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Viaje amarillo II. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Viaje amarillo I. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Color en la niebla. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm

Preludio II. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Preludio I. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Escucho en la sombra II. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Escucho en la sombra I. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm

Sombra roja II. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm.

Sombra roja I. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm.

Las dos tardes. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm

Desde la brisa azul II. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm

Desde la brisa azul I. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm

Tu en la sombra II. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm

Todo el viento I. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Arquitectura del aire I. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Arquitectura del aire II. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Todo el viento II. Óleo sobre lienzo, 100x100 cm.

Tu en la sombra II. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm

Entre la brisa. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm

Cae oscura. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm.

Umbría. Óleo sobre lienzo, 200x200 cm.

Todo en calma. Óleo sobre lienzo, 150x150 cm.